
6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
El ayuno no solo fortalece nuestra disciplina espiritual; también fortalece nuestra fe. Y la fe verdadera no se mide cuando todo va bien, sino cuando debemos esperar. Muchos comienzan con entusiasmo, pero no todos perseveran cuando la respuesta tarda en llegar.
Perseverar es permanecer firmes aun cuando no vemos resultados inmediatos. Es orar cuando el cielo parece en silencio. Es creer cuando las circunstancias no cambian. Es continuar buscando a Dios no por lo que Él puede darnos, sino por quien Él es.
Durante el ayuno, nuestras peticiones suelen intensificarse. Presentamos cargas, necesidades familiares, decisiones importantes, anhelos profundos. Sin embargo, Dios no siempre responde en el tiempo que esperamos. Y ahí es donde la fe madura. Porque la fe no es exigir señales; es confiar en el carácter de Dios.
Hebreos nos recuerda que Él es galardonador de los que le buscan. Eso significa que nuestra búsqueda nunca es en vano. Cada oración, cada sacrificio, cada momento de debilidad ofrecido a Dios está siendo visto por Él. Aunque no lo sintamos, Él está obrando en lo invisible.
La perseverancia produce profundidad. Una fe superficial se rinde rápido; una fe arraigada resiste la prueba. El ayuno nos entrena espiritualmente para no depender de emociones pasajeras, sino de convicciones firmes.
Tal vez hoy aún no ves la respuesta por la que estás orando. Tal vez el proceso es más largo de lo que imaginabas. Pero recuerda: Dios trabaja más en nosotros mientras esperamos que en aquello por lo que estamos esperando. Y una fe que persevera siempre sale fortalecida.
No abandones tu búsqueda. No debilites tu confianza. El mismo Dios que comenzó la obra es fiel para completarla.
Padre, fortalece mi fe cuando el camino se hace largo. Ayúdame a confiar en Ti aunque no vea respuestas inmediatas. Quita toda duda y todo desánimo que quiera sembrarse en mi corazón. Enséñame a perseverar con esperanza, sabiendo que Tú siempre estás obrando a mi favor. Que mi confianza no dependa de lo que veo, sino de quien Tú eres. Amén.