
6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;
El ayuno está por concluir, pero la obra de Dios no termina aquí. Este no es el final del proceso; es una etapa más dentro del crecimiento espiritual que el Señor está formando en nosotros.
Muchas veces vivimos el ayuno como un evento puntual, pero en realidad debe ser un punto de partida hacia una vida más consciente de la presencia de Dios. Lo que hemos aprendido en estos días —sensibilidad, disciplina, búsqueda, dependencia— no debe quedarse solo en esta semana.
Dios siempre trabaja en procesos. Él comienza, forma, corrige, fortalece y perfecciona. Lo que tal vez inició como una necesidad puntual puede convertirse en un cambio permanente si decidimos continuar caminando con constancia.
El peligro después de un tiempo especial es volver a la rutina anterior sin aplicar lo que el Señor nos enseñó. Pero el verdadero fruto del ayuno se ve después, en la perseverancia diaria, en la decisión de mantener el altar encendido, en la fidelidad silenciosa.
Quizás Dios restauró algo en tu corazón. Tal vez trajo convicción, dirección o paz. Ahora es tiempo de cuidar esa semilla. Porque todo lo que no se cultiva, se debilita.
Estemos preparados para continuar. Continuar orando. Continuar buscando. Continuar obedeciendo. El ayuno no termina; simplemente cambia de ritmo. La comunión debe permanecer.
Y tenemos esta seguridad: el Dios que comenzó la obra no la dejará inconclusa. Él es fiel. Él terminará lo que inició.
Señor, gracias por todo lo que has hecho en mí durante este tiempo. No permitas que vuelva atrás ni que pierda la sensibilidad que has despertado en mi corazón. Ayúdame a mantener viva mi comunión contigo y a aplicar lo aprendido en mi vida diaria. Confío en que Tú continuarás perfeccionando Tu obra en mí. Amén.