
6 Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;
Humillarse bajo la mano de Dios no significa sentirnos menos o sin valor, sino reconocer nuestra dependencia total de Él. Significa entender que Su voluntad es perfecta y que Su tiempo es mejor que el nuestro. Muchas veces nos aferramos a nuestros propios planes, a nuestras fuerzas y a nuestra sabiduría, creyendo que podemos controlarlo todo, pero Dios nos invita a rendirnos ante Él, porque solo Su mano es poderosa para sostenernos, moldearnos y levantarnos.
La Biblia nos muestra innumerables ejemplos de cómo Dios exalta a aquellos que se humillan delante de Él. José fue vendido como esclavo y pasó años en prisión antes de ser exaltado como gobernador de Egipto. Moisés pasó 40 años en el desierto antes de ser llamado para liberar a Israel. David fue menospreciado como el menor de sus hermanos antes de ser ungido rey. En cada caso, la exaltación vino en el tiempo perfecto de Dios, después de un proceso de humillación, aprendizaje y dependencia total de Su gracia.
En nuestra vida diaria, la humildad nos lleva a confiar en Dios en medio de las pruebas, a reconocer que no tenemos todas las respuestas, pero que Él sí. Nos enseña a soltar el orgullo, a pedir perdón cuando es necesario, a servir a los demás con amor y a someternos a la dirección del Espíritu Santo.
Quizás hoy te encuentres en una situación en la que sientes que no avanzas, que las cosas no suceden como esperas, o que estás en un tiempo de espera difícil. No te desesperes, porque Dios tiene un plan. Si te humillas bajo Su poderosa mano, si confías en Él y en Su proceso, en el momento oportuno Él te levantará.
En este quinto día de ayuno oremos juntos: Amado Padre, hoy venimos delante de Ti con un corazón humilde, reconociendo que solo Tú tienes el control de nuestras vidas. Nos rendimos a Tu voluntad y a Tus tiempos, sabiendo que en el momento perfecto nos exaltarás según Tu propósito. Enséñanos a depender de Ti, a confiar en Tu dirección y a vivir con humildad cada día. Ayúdanos a soltar el orgullo, a buscarte con sinceridad y a caminar bajo Tu gracia. Gracias porque Tu poderosa mano nos sostiene, nos guía y nos levanta. En el nombre de Jesús, amén.