
13 Si tú dispones tu corazón, y tiendes hacia Dios las manos;
14 si alguna iniquidad hay en tus manos, pero la apartas de ti, y no consientes que en tu casa more la injusticia,
15 entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, serás fuerte y nada temerás.
16 Olvidarás tu miseria, o te acordarás de ella como de aguas que pasaron.
17 La vida te será más clara que el mediodía; aunque oscurezca, será como la mañana.
18 Tendrás confianza, porque hay esperanza; mirarás alrededor y dormirás seguro.
19 Te acostarás y no habrá quien te espante; y muchos suplicarán tu favor.
Hoy damos inicio a un tiempo especial de búsqueda, de entrega y de intimidad con nuestro Señor. En este primer día de ayuno, tomemos un momento para meditar en Su Palabra, en especial en el pasaje de Job 11:13-19.
La Biblia nos invita a disponer nuestro corazón para buscar a Dios con sinceridad y humildad. No se trata solo de abstenernos de alimento o de ciertas actividades, sino de levantar nuestro clamor con todo nuestro ser, reconociendo nuestra total dependencia de Él. Cuando nos acercamos a Su presencia con un corazón rendido, Él nos llena de Su paz, nos da dirección y nos renueva con Su amor.
En tiempos de prueba, incertidumbre o cansancio, Dios nos ofrece una promesa maravillosa: si confiamos en Él y caminamos en Su voluntad, seremos fortalecidos, no temeremos, y nuestra vida será iluminada por Su luz. Su fidelidad es inquebrantable, y Sus brazos siempre están abiertos para recibirnos.
Que este ayuno sea una oportunidad para acercarnos más a Dios, para despojarnos de todo aquello que nos aleja de Su propósito y para renovar nuestra fe. Busquemos al Señor con un corazón sincero, con hambre de Su presencia, y confiemos en que Él obrará en cada área de nuestra vida.
En este primer día de ayuno, digámosle «Amado Padre, hoy nos presentamos ante Ti con humildad, con un corazón dispuesto a buscarte y a rendirnos por completo en Tu presencia. Te entregamos nuestras cargas, nuestras preocupaciones y todo aquello que nos impide verte con claridad. Señor, llena nuestra vida con Tu paz y ayúdanos a caminar en obediencia y amor. Que este tiempo de ayuno nos acerque más a Ti, transforme nuestro corazón y nos haga más sensibles a Tu voz. En el nombre de Jesús, amén.»