
10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
El ayuno también es tiempo de limpieza espiritual. No podemos acercarnos a Dios con corazones endurecidos. David entendió que el problema no era solo el pecado externo, sino la condición interna.
Muchas veces nos enfocamos en lo visible, pero Dios mira el corazón. El ayuno nos permite examinar actitudes ocultas: resentimiento, orgullo, indiferencia, falta de perdón. El Espíritu Santo aprovecha estos días para revelar áreas que necesitan sanidad.
La purificación no es condenación; es restauración. Dios no expone para avergonzar, sino para transformar. Cuando permitimos que Él limpie nuestro interior, experimentamos libertad verdadera.
Un corazón limpio puede ver con claridad, amar con sinceridad y servir con humildad.
Señor, examíname y muéstrame lo que necesita ser transformado. Quita toda raíz de amargura, toda actitud incorrecta y todo pensamiento que no te agrada. Crea en mí un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí. Amén.