
1 9 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
El ayuno es una declaración práctica de dependencia. Cuando renunciamos voluntariamente a algo legítimo como el alimento, estamos diciendo: “Dios, Tú eres más importante que mis necesidades naturales”. Es un acto de adoración.
Rendirnos no es debilidad; es confianza. Abraham tuvo que rendir a Isaac. Jesús rindió Su voluntad en Getsemaní. La rendición no significa perder, significa entregar en manos seguras. En el ayuno aprendemos que no controlamos todo, que nuestras fuerzas son limitadas, pero que Dios es suficiente.
Muchas veces queremos resultados sin rendición, bendición sin entrega, victoria sin sacrificio. Pero el ayuno nos confronta. Nos muestra qué tan fuerte es nuestra voluntad propia. Cuando el hambre aprieta, también se revelan nuestras actitudes internas.
La rendición total no es solo por unos días; es un estilo de vida. Dios no busca actos externos impresionantes, sino corazones completamente entregados.
Padre, hoy me rindo delante de Ti. Entrego mis planes, mis cargas, mis temores y mis expectativas. Quita todo orgullo que me impide depender de Ti. Enséñame a confiar plenamente en Tu voluntad. Que este ayuno no sea solo externo, sino una rendición profunda de mi corazón. Amén.